He terminado la lectura del libro más triste de mi vida pero real, no hay razas, ni religiones todas son iguales mujeres maltratadas a manos de sus parejas y por una sociedad que ni tan siquiera escucha sus opiniones, se manifiestan pero la gran mayoría “que no le salpiquen”.
Son mujeres a las que sin una razón les han robado y les están robando la vida, y precisamente vida y tiempo es el tesoro más grande que tenemos y lo único que no se puede recuperar ni volver atrás.
Pero a lo largo de muchas etapas siempre encontramos algún ser despreciable que se creerá con derecho a robar la dignidad que como persona tenemos. Y yo me pregunto igual que en el libro ¿que pasaría si asesinasen todos los años a 68 futbolistas o toreros ¿aunque seria fácil imaginar: grandes despliegues policiales, fuertes medidas de protección etc... Podríamos cambiar la palabra futbolistas y toreros por cualquier otro masculino. Pero ¿que habría ocurrido de ser al contrario 68 hombres asesinados a manos de sus ex esposas, novias o amantes? Exactamente lo mismo menudo revuelo político, social, judicial y policial.
La violencia de género se sufre por el hecho de ser mujer, precisamente cuando la mujer decide terminar con esa situación y es cuando corre mayor riesgo de morir. Estas situaciones terminaran cuando hayan desaparecido las mentiras y mitos que han defendido la superioridad del hombre a costa de la vida de las mujeres. Mientras las relaciones sociales, laborales y personales entre hombres y mujeres continúen desequilibradas y no estemos protegidas eficazmente por las fuerzas de seguridad y sin la rapidez de una defensa jurídica garantizada a la noche no se podrá llamar sueño, ni al día ilusión, el futuro no tendrá libertad y la democracia no será sinónimo de “DIGNIDAD”.
Pero hay otros casos de violencia sexista y laboral que pueden doler tanto o mas que un empujón en un momento puntual.
El moving laboral del que tan poca trascendencia tiene pero que siempre está promovido por el machismo de algún hombre al que le secunda alguna otra subordinada con una percepción igualmente machista y enfermiza, pero sobre todo con el animo claro de humillar, desestabilizar y anular al objetivo que se han fijado. Pero al final echando mano del refranero y como dicen en mi pueblo, tengo la esperanza de que “a cada cerdo le llega su San Martín”
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